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SANTA CASILDA Y FLIA. CASADO.

Según referencias de la época, la familia Casado era muy devota de la Santa mora de Toledo. Tradición que al parecer proviene de la rama materna de los Alisal, ya que la madre de Carlos Casado llevaba el nombre María Casilda. Onomástico que pasó a la mayor de las hijas  del matrimonio Casado-Sastre, nacida en 1867 y bautizada a su vez como María Casilda Casado (1867-1947). Es la niña cuyo retrato en la playa de Biarritz a orillas del mar Cantábrico, cautivó al poeta Gustavo Adolfo Bécquer llevándolo a acompañar con el retrato de José Casado su crónica “Las Dos Olas” en “La Ilustración de Madrid” (1870), dejándola inmortalizada.

Tras adquirir en 1865 la inmensa estancia perteneciente al terrateniente rosarino Mariano Grandoli, conocida como “Los Desmochados”, Carlos Casado toma la decisión de rebautizarla con el nombre de Estancia “Santa Casilda”, denominación aún existente. Aparece por primera vez en nuestra región el patronímico que nos acompaña hasta el presente. El casco de esa estancia aún se conserva en el campo que pertenece a la familia Dorronzoro, trasladándonos a aquella época fundacional.

En esa estancia nace el proyecto de creación de la Colonia Candelaria (1870). En el plano de este emporio agrícola que se difunde en Europa en 1871, uno de los dos pueblos diseñados como centros urbanos de la Colonia lleva el nombre de “Santa Casilda”. También ostenta esa nomenclatura uno de los amplios boulevares que atraviesan el trazado de la Candelaria, favoreciendo las comunicaciones y el transporte de bienes y personas: se trata del Boulevard Central Santa Casilda, que en su momento fue uno de los confines del ejido urbano, luego el Boulevard que separó a Villa Casilda del pueblo Nueva Roma y es hoy el Boulevard 25 de Mayo.

De los dos proyectos de poblado finalmente uno fue materializado, tomando como nombre Santa Casilda. En una carta dirigida a su madre en enero de 1874, Casado comenta a su progenitora “el pueblito se llamará Santa Casilda”. Las investigaciones del Profesor Hugo Tosticarelli nos han ayudado a determinar que esa denominación no fue solamente un deseo temporario de Casado, de efímera duración. La visión convencional que poseemos dice que, a pedido del pueblo, el pueblo fue llamado “Villa Casilda”. Sin embargo, la referencia al pueblo “Villa Santa Casilda” perduró en escrituras y demás documentos oficiales y comerciales durante una década. Fue en los años 1880 cuando “Villa Casilda” comenzó a suplantar al antiguo nombre.

El Boulevard Central Santa Casilda dejó su nombre al de 25 de Mayo y Santa Casilda dejó de existir como punto de referencia en la localidad. Solamente guarda ese nombre la lejana estancia en el  camino hacia el Carcarañá. No obstante, la historia de nuestra ciudad ha quedado emparentada por siempre ha aquella joven princesa de Toledo que hoy nos guía desde el Altar Mayor de la Iglesia Parroquial “San Pedro Apóstol”. A 150 años de la creación de la Colonia Candelaria, base de la actual Casilda, la devoción de la familia Casado y el recuerdo filial de la madre y una de las hijas del fundador siguen construyendo nuestra principal marca de identidad en la provincia y en la región.

HISTORIA DE LA SANTA 

Casilda en árabe significa “poesía”. Fue una mujer santa, virgen e hija de Al-Mamún, un rey musulmán de Toledo (España) conocido por ser un sanguinario perseguidor de cristianos y hacer de su región uno de los principales centros culturales del al-Andalus (territorio musulmán de la Edad Media).

Según el Martirologio Romano, Santa Casilda de Toledo “ayudó con misericordia a los cristianos detenidos en la cárcel y después, ya cristiana, vivió como eremita”.

Algunos biógrafos fechan su nacimiento en el año 1007 y otros en el 1025. A la edad de cinco inició el aprendizaje del Corán de memoria, y a partir de este, a leer y escribir.

Se dice también que su madre era cristiana y que además fue instruida por los grandes sabios del reino, lo que provocó en ella dudas religiosas que la llevaron posteriormente a conocer los principios básicos del cristianismo.

Antes de su conversión ya era una princesa piadosa que buscaba consolar a los presos en los calabozos de Al-Mamún, llevándoles alimento y medicinas escondidas debajo de su falda. Muchos de estos eran sacerdotes y monjes, y por ello les pidió ser instruida en el cristianismo, e incluso, recibir el bautismo.

Según la tradición, cuando le llegaron a su padre los rumores de que su hija visitaba las mazmorras –lo cual estaba prohibido- decidió sorprenderla sin previo aviso. Al descubrirla llevando algo debajo de sus faldas la intervino y ella le dijo: ¡Son Rosas! y al extender la falda estas aparecieron provocando la confusión del rey.

Tiempo después Casilda de Toledo empieza a padecer de flujo de sangre, una grave afección que los médicos de palacio fueron incapaces de curar. Sin embargo uno de los presos sugirió un remedio poco común: bañarse en los lagos cercanos al monasterio de San Vicente en tierras de La Bureba y próximos a Briviesca (Castilla).

Al-Mamún estaba ya convencido de que la enfermedad de su hija no tenía cura, sin embargo decide tomar los consejos de los presos y preparar el viaje para su hija, que sería acompañada de una comitiva real.

Cuando Casilda llegó a los lagos y fue lavada, sanó inmediatamente. Después fue bautizada, se le administró la confirmación y recibió por primera vez la Comunión.

Tras estos sucesos decidió consagrarse a Cristo y pasar el resto de sus días dedicada a la oración y la penitencia. Además, entregó casi todos sus bienes a las parroquias cercanas y a los pobres.

A Santa Casilda de Toledo se le atribuyen diversos milagros, en especial aquellos relacionados directamente con la esterilidad y todo tipo de afecciones ginecológicas durante más de nueve siglos.

Muere de edad avanzada en el 1075 en San Vicente, región de Castilla. Fue sepultada en una ermita que ella misma mandó a construir. Santa Casilda de Toledo fue canonizada por el pueblo que la había visto vivir y que experimentó su intercesión. Su fiesta se celebra el 9 de abril.